El apóstol Juan, un amigo incondicional

Es conocido como el más allegado a Jesús, Juan, el apóstol del amor. Sin embargo, ¿por qué es visto de esta manera? Juan acompañó al Señor hasta en el momento de Su muerte y esa fue una actitud osada, ya que podría haber sido encarcelado por andar con Jesús. Él fue el único apóstol que permaneció al pie de la cruz y, por eso, Jesús le encargó que cuidara de Su madre (Juan 19:26-27).

Juan era hermano de Santiago, hijo de Zebedeo (Marcos 1:19). Ellos trabajaban para su padre, arreglando las redes en el barco, cuando Jesús pasó y los llamó para que lo siguieran, e inmediatamente lo hicieron. Un ejemplo de servicio.

Juan se hizo amigo de Jesús, pero antes de eso se negó a sí mismo, lo siguió y anduvo con Él. Ellos se conocieron más, mientras el tiempo pasaba, y las experiencias con el poder de Dios, expresadas en la vida de Cristo, eran cada vez más evidentes. ¿No es así cuando se comienza una amistad? Lleva un tiempo lograr un nivel de dedicación, compromiso y comodidad en la relación. Y fue eso lo que sucedió con ellos.

El apóstol del corazón parece que fue un joven compulsivo, porque fue Jesús quien los llamó, a Santiago y Juan, “hijos del trueno” (Marcos 3:17). Ellos fueron llamados para estar entre los doce apóstoles que hablaban de Dios a toda criatura.

El amor entre Jesús y Juan indica que Él quiere tener esa amistad también con personas como nosotros. Esa intimidad entre ellos es evidente en el evangelio de Juan, escrito por él mismo, en que se revela el más personal e íntimo de los libros.

Es eso lo que Dios desea: una amistad incorruptible y verdadera con nosotros. Es una relación de fidelidad mutua. Juan fue hasta el fin al lado de Jesús, aún corriendo el riesgo de que lo lleven preso.

Juan cuidó a Su madre mientras cuidaba a la congregación en Efeso, y ella murió allí. Él fue llevado preso y exiliado en la Isla de Patmos por proclamar el nombre de Jesús, donde recibió revelaciones de Dios acerca del final del mundo, en que Jesús es vencedor y su pueblo está a su lado. Esas visiones le daban animo a la iglesia primitiva que sufría por su fe.

Las revelaciones también fortalecen a quienes sufren por amor a Cristo, con preconceptos y decepciones en los días de hoy. El Apocalipsis, escrito por el apóstol del amor, trae esperanza para un futuro cada vez más cercano (Apocalipsis 1:3).

Las visiones y la muerte natural de Juan muestran el amor y la amistad que Jesús tenía con él. Aun antes de que muriera, Dios lo usó para darle esperanza a su pueblo.

Que este ejemplo fidedigno de amistad y de amor al prójimo esté latente en nuestras vidas. Que su amistad con Cristo sea cada día más fuerte, al punto de que nos use como canales de bendiciones para las otras personas, en cualquier lugar o situación.